Los períodos de vacaciones angustian a los adultos mayores

Las vacaciones y, por lo tanto, el alejamiento de familiares y conocidos por períodos más extendidos que lo normal, así como el cambio de ritmo del entorno, angustia a los adultos mayores, sobre todo a los que se mueven en redes sociales escasamente nutridas.
Más que pensarlas como un paréntesis que también ellos pueden aprovechar para hacer cosas diferentes, muchos adultos mayores viven estas etapas del año como una amenaza que los rodea con el desamparo y la soledad.
El problema no es que efectivamente estén solos, sino la percepción subjetiva que algunos tienen de que todo queda en suspenso y ellos están librados a su suerte.

La sensación de desolación también aflora cuando entran en receso instituciones donde los mayores realizan actividades que les proporcionan contención social y, una vez más, con mayor frecuencia acusan recibo del cambio de ritmo quienes están solos o con reducidas redes sociales.

Cultivar el bienestar

La motivación es clave para que las personas de la tercera edad encuentren la forma de ganar la calle y se suelten hacia relaciones, incluso momentáneas, con los vecinos, la señora de la verdulería, el carnicero, o bien que emprendan actividades entretenidas como, por ejemplo, ir al cine, aunque en ese instante no tengan a quién comentarle la película.

Al mismo tiempo, los mayores pueden cultivar capacidades para desarrollar su potencial, en una época de la vida en que a los años se suma la experiencia acumulada.
Está comprobado que adultos mayores que reciben entrenamiento en habilidades sociales exhiben alta eficacia en la generación de nuevos vínculos.
Esto comprueba que la socialización en los adultos mayores está latente, y que, una vez derribada la barrera de los “no quiero/no puedo”, el adulto mayor puede autogenerarse eso que necesita en términos sociales para aumentar de esa manera su bienestar cotidiano”.

Nos vamos, pero estamos

Consejos
Antes y durante las vacaciones, conviene que los familiares tengan en cuenta las siguientes pautas:

1. Comunicarse: Que sepa que uno está “ahí”: para esto es importante mantener una comunicación regular con el adulto mayor que se queda o con quienes lo rodean, como cuidadores. Así se sentirá querido y tenido en cuenta.

2. Avisarle que lo van a cuidar: Para las personas que requieran cuidadores, es necesario comunicarles con tiempo que una persona se hará cargo de ellos y lo ideal es que puedan participar en la selección. La imposición de un cuidador puede ser sentida como abandono o despreocupación, aunque sea por su bienestar.

3. Ayudarlo a organizarse: Si el adulto mayor no necesita cuidador, es bueno que la familia colabore para que organice su tiempo, incluso, sugiriendo opciones que fomenten sus lazos con otros.

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