Cómo saber si es momento de dejar de conducir

Conducir es un elemento de la independencia de muchas personas, y forma parte de la vida cotidiana, pero cuando notamos que una de nuestras personas más cercanas no está totalmente al control en el auto, ¿cómo decírselo?

 

No es solo una cuestión de edad. No todos los conductores de avanzada edad representan un riesgo. En líneas generales, este grupo suele verse menos involucrado en accidentes de tránsito que los más jóvenes.

 

Expertos consideran que no hay tal cosa como una edad en la que naturalmente se debería pensar en dejar de conducir. La edad cronológica, en innumerables ocasiones, no coincide con el deterioro biológico. De ahí que existen personas octogenarias que parecen sexagenarias y viceversa.

 

Es lo que se conoce en gerontología como heterocronía y heterometría: el proceso de envejecimiento no es directamente proporcional al tiempo vivido. Por consiguiente, no existe una cifra límite en años de existencia para dejar de conducir.

 

Así que más que preocuparse de que el abuelo o la abuela pasaron una meta de edad y hay que pensar en que ‘pasen’ las llaves, hay que observar ciertas señales de salud.

 

 

A qué poner atención para seguir conduciendo

 

Cuando se acumulan muchos errores graves al volante o si se produce un accidente, las señales son claras. También hay indicaciones más sutiles. Muestra de reacciones tardías ante el semáforo en reiteradas oportunidades o duda a la hora de dar prioridad de paso a otro vehículo, o la persona se niega a conducir en tramos desconocidos.

 

Si pierde cada vez más la paciencia al conducir e insulta o se enoja mucho con otros conductores, puede reflejar inseguridad. Otro indicador es el estado del auto. Cuando uno tiene cierto miedo de ir con alguien al volante, es hora de poner el tema sobre la mesa.

 

Algunas señales tienen que ver con los órganos de los sentidos, como la vista y el oído, pero también con otros aparatos y sistemas como el óseo y el neurológico. Por ejemplo, las artrosis y artralgias en la columna vertebral en toda su extensión, especialmente a nivel cervical y lumbar, van a complicar las acciones del conductor, y déficits del sistema nervioso central como temblor senil y enfermedad de Parkinson, van a comprometer reflejos y complicar el dominio del vehículo.

 

En lo que respecta a la vista, hay que estar atento a las cataratas y a signos de glaucoma y degeneración de la mácula, muy frecuente con los años, y también a la esclerosis auricular interna y acúfenos, que son propios del proceso de decadencia del órgano de la audición.

 

A esto hay que añadir la desorientación temporo-espacial que puede confundir vías de doble circulación sin serlo, y ocasionar un accidente que cueste la vida.

 

 

Condiciones visuales óptimas para conducir

 

Si usted siente que las cosas comienzan a verse borrosas, si pierde campo de visión y es un poco complicado visualizar las placas del auto de adelante, lo más recomendable es realizar un chequeo visual completo y determinar qué está sucediendo.

 

Para poder conducir se requiere, entre otras cosas, una agudeza visual óptima, entendida como la capacidad para detectar, distinguir o identificar detalles en buenas condiciones de iluminación.

 

 

La licencia de conducir, símbolo de la independencia

 

Tener una conversación como esta no es fácil. Para los mayores, que tal vez estuvieron décadas manejando sin tener ni un solo accidente, es muy difícil sentir que se les señala algo que supuestamente hacen mal.

 

También ocurre que la licencia es todo un símbolo de independencia para mucha gente, es la posibilidad de decidir por sí mismos qué quieren hacer y adónde ir.

 

Renunciar a eso es un paso muy doloroso. Una posibilidad sería hacer pausas o dejar de conducir cuando llueve o cuando está oscuro. Si toma alguna medicación que no tiene un efecto tan fuerte por las mañanas, podría aprovechar esa hora del día para salir. Si quiere una opinión objetiva, puede pedirle a un profesor de conducción que lo acompañe a dar una vuelta y dé su parecer.

 

¿Puede ser un proceso gradual? Esa es una meta que cada persona puede fijarse en su preparación a la vejez. Cuando uno se pregunta ¿cómo quisiera que sea mi tercera edad? Y se va fijando topes para todo aquello que querrá hacer en esa etapa vital. No solo lo que va a dejar, sino lo nuevo que va a practicar. Ese tiempo lejos del auto, ¿cómo va a disfrutarlo?

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