¿Alergia o COVID-19?

Aunque las alergias primaverales producidas tras el contacto del organismo con determinadas sustancias externas (denominadas alérgenos) alcanzan sus niveles máximos en la época de florecimiento, los primeros pólenes de arizónicas y cipreses aparecen en meses previos,, siendo habitual que determinados pacientes comiencen a sufrir los incómodos síntomas típicos de la estación de las flores mucho antes de la primavera.

A todo ello se añade que aquellos individuos que sufren una enfermedad crónica como el asma son especialmente vulnerables ante la actual pandemia. Forman parte de los grupos de riesgo y generan numerosas consultas, gran parte de ellas orientadas a dudas sobre un posible contagio debido a la coincidencia de síntomas compatibles con la COVID-19, como son la tos y la disnea.

 

Cómo diferenciar la COVID-19 de las alergias y el asma

Las singularidades que permiten distinguir las diferentes patologías radican en sus síntomas y su curso. Los parámetros que podemos considerar para analizar las manifestaciones de estos trastornos son los siguientes: duración y aparición de los síntomas, manifestaciones clínicas y otros factores diferenciales.

Duración y aparición de los síntomas

En primer lugar, el comienzo y la duración de los síntomas entre estos trastornos son diferentes. La manifestación de la COVID-19 precisa generalmente periodos largos, de 7 a 21 días, mientras que los signos en la alergia duran menos y en ocasiones se manifiestan tan solo en determinadas horas y de forma periódica. Las molestias provocadas por las alergias aparecen y desaparecen de forma intermitente y pueden intensificarse en determinadas situaciones: por ejemplo, aumentan en días ventosos y se recrudecen a primera hora de la mañana y a última hora de la tarde.

Por otro lado, los síntomas de la alergia aparecen generalmente de manera temporal, sobre todo si se debe a pólenes. Los síntomas se agudizan cuando el paciente está al aire libre y, por el contrario, se reducen claramente cuando se mantiene en espacios cerrados.

Los casos de coronavirus presentan síntomas leves, progresivos y persistentes, similares a los de una gripe, y generalmente se asocian desde el principio a un malestar general.

Manifestaciones clínicas

La alergia suele presentar a menudo síntomas oculares, tales como lagrimeo constante y picor, algo que en la COVID-19 solo se produce a veces. El dolor de cabeza en la alergia es esporádico y poco intenso, mientras que en la COVID-19 se presenta de manera más intensa y persistente.

La fiebre es un síntoma habitual en la COVID-19, mientras que en el caso de la alergia es ocasional en pacientes asmáticos o en casos de sinusitis aguda.

La disnea suele presentarse en la COVID-19 de manera prolongada en el tiempo en casos moderados (aproximadamente durante 15 días), mientras que en la alergia se produce de forma corta y periódica cuando existe asma.

Otros síntomas habituales en la COVID-19 son malestar general, cansancio y debilidad, así como la pérdida del gusto y del olfato.

En la alergia, en cambio, se manifiestan con más frecuencia otro tipo de síntomas, como estornudos en cadena, rinitis fundamentalmente de picor nasal y ocular, mucosidad y nariz taponada.

La tos es el síntoma coincidente que más puede hacernos dudar. En la COVID-19 es muy habitual y se caracteriza por ser una tos seca; en los pacientes con asma puede ser tanto seca como productiva. Los casos de tos por alergia temporal son menos frecuentes, y se producen ante la exposición al alérgeno (generalmente cuando la persona ha estado expuesta al aire libre). Suele mejorar o cesar por completo cuando el paciente pasa unas horas en un lugar cerrado.

Otros factores diferenciales

  • Respuesta ante el tratamiento farmacológico. En los casos de alergia, la administración de antihistamínicos tópicos u orales suele conseguir que la rinitis remita con rapidez, mientras que los broncodilatadores de rescate como salbutamol o terbutalina acostumbran a revertir con facilidad los síntomas del asma. El empleo de analgésicos y antiinflamatorios como paracetamol y los AINE no es útil en los casos de alergia; sin embargo, síse les considera como la primera alternativa para el tratamiento sintomático de la fiebre y los síntomas menores que suelen presentarse en pacientes no graves de coronavirus.
  • Transmisión. Por último, es importante destacar que la COVID-19 se contagia con facilidad de persona a persona; sin embargo, la alergia no es un proceso infeccioso, sino una reacción de hipersensibilidad del sistema inmunitario ante diferentes alérgenos, y por tanto no se contagia.

 

En cualquier caso, no hay una clara evidencia de cómo discernir entre la COVID-19 y un agravamiento del asma debido a una infección viral como el resfriado o la gripe, por lo que ante estas situaciones será necesario acudir a los profesionales de la salud siguiendo las recomendaciones oportunas.

Por otro lado, si existen uno o más síntomas muy frecuentes compatibles con COVID-19 y el paciente cumple con el criterio de contacto estrecho, deberá derivarse al médico de familia o al servicio correspondiente de la zona que se encargue de los casos sospechosos como «paciente con posible infección por coronavirus».

Es importante tener en cuenta que el uso de nebulizadores puede transmitir partículas virales y aumentar, por tanto, el riesgo de diseminar el coronavirus a otras personas o al personal sanitario. Si el paciente necesita emplear los nebulizadores, debe hacerlo en un lugar ventilado y en ausencia de otras personas o reduciendo su exposición.

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