¿A qué edad comenzamos a envejecer?

Científicos de la Universidad de Stanford demostraron que el envejecimiento no ocurre a un ritmo uniforme, y que se da en tres etapas en el ciclo de vida humano. ¿Es posible retrasar su inicio?

 

Que la expectativa de vida se extendió no es noticia. El ser humano hoy vive mucho más que sus antepasados. El punto en cuestión es cómo vive. Y qué puede hacer para mejorar su calidad de vida en la edad adulta.

Para el médico especialista en medicina antiaging y estética – regenerativa Rubén Muhlberger (MN 71566) se trata de “salir del concepto de sobrevivir y convertirnos en supervivientes”. “Hoy uno mismo puede planificar el futuro y llegar a los 100 años con un cerebro activo, un sistema de defensas activo, y huesos y músculos fuertes”, aseguró.

A propósito de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Stanford, se concluyó que a partir de los 34 años comienzan a detectarse los primeros signos de envejecimiento.

Según publicó la revista Nature Medicine, los científicos estudiaron los niveles de 373 proteínas que circulan en la sangre, tras analizar las muestras de 4.263 personas de entre 18 y 95 años.

Y hallaron cinco señales que demuestran el envejecimiento:

1- El metabolismo se vuelve más lento

2- La estructura ósea se debilita

3- Se comienza a tener problemas para recordar cosas

4- Se modifican de los patrones del sueño

5- La estructura ósea comienza a deteriorarse

El estudio demostró, además, que el envejecimiento fisiológico no ocurre a un ritmo uniforme, sino que se da en tres etapas en el ciclo de vida humano: la primera a los 34 años, la segunda sucede a los 60, y la tercera a los 78.

“En estas tres edades, el número de proteínas transmitidas por la sangre exhiben cambios notables”. Según Tony Wyss-Coray, profesor de neurología y ciencias neurológicas y autor principal del estudio, “esto sucede porque en lugar de simplemente aumentar o disminuir de manera constante o permanecer igual durante toda la vida, los niveles de muchas proteínas permanecen constantes durante un tiempo y luego en un punto u otro experimentan cambios repentinos hacia arriba o hacia abajo”.

Al respecto, Muhlberger explicó que “entre los 33 y 34 años la mayoría de las personas empieza a tener descenso de hormonas muy importantes que mantienen funciones cognitivas, tonicidad muscular, etc. y que son las que marcan el ritmo del envejecimiento”.

Y ahondó: “Los genes son los que modulan el funcionamiento de las glándulas. Hay personas ‘llamadas’ a ser longevas, pero de esas va a haber muy pocas con una buena calidad de envejecimiento. La idea es llegar con un cuerpo, mente, estructura ósea y muscular que permita hacer una vida normal”.

 

Para él, la clave está en tener -siempre, pero más aún a partir de los 33/35 años- una alimentación consciente. “Está demostrado que no sólo hay que comer bien sino que la forma en que uno come es la manera en que se activan los genes que tenemos todos y que permanentemente están saneando nuestra información genética e impiden que haya deterioro de la misma -desarrolló Muhlberger-. El proceso se denomina autofagia y se logra activando una enzima que se llama telomerasa, lo que ocurre haciendo deporte, comiendo saludable y haciendo ayunos intermitentes de cuatro, seis y hasta ocho horas, hábito que logra ‘encender’ estas enzimas que logran depurar el genoma, el funcionamiento de los genes”.

Si bien “empezar a los 34/35 es el momento justo en que todos tienen la misma oportunidad”, el especialista sostuvo que “los adultos jóvenes también pueden iniciar estas conductas y evitar el deterioro propio del paso del tiempo”.

Sobre los excesos en las comidas que suelen ocurrir en las fiestas de fin de año, a las que suelen seguirle las vacaciones, Muhlberger aconsejó “compensar”. “El cuerpo es sabio; siempre tiene un periodo refractario para volver al eje, y después de, por ejemplo, un fin de semana en que nos extralimitamos en el consumo de alcohol, harinas, azúcar, etc. lo recomendable es empezar la semana con un ayuno para ayudar a reparar esos genes”, sugirió el experto, para quien “lo ideal es comer en espacios de 4/8 horas dos a tres veces por semana y hacer actividad física”.

Y tras hacer hincapié en los tratamientos con sueros por vía intravenosa, parches transdérmicos y cápsulas con sustancias que aumentan la autofagia y que dan excelente resultado en sus pacientes, Muhlberger señaló: “Todos tenemos la posibilidad de a través del conocimiento saber cómo vivir más y mejor, para salir de la zona de sobrevivir y convertirnos en supervivientes”.

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