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La paradoja de la vejez: estar bien, a pesar de que nada es como antes

La estrategia del acomodo. Esa es la que usan las personas mayores de 65, para enfrentar con buenos niveles de satisfacción, los años que les quedan de vida. Así lo comprobó un reciente estudio de una sicóloga de la U. de Chile.

“Ya no me compro cremas para las arrugas. Ya no me hago problema si un día salgo sin maquillaje a la calle, ¡qué cosa más buena salir con arrugas! Claro, uno se mira al espejo y dice ‘qué estoy vieja’, pero las marcas están en la cara. Lo que te dice el cuerpo con la energía, es otra cosa. A mis 67 años me queda para rato. Es verdad que se pierden muchas cosas, como el físico, amigos, destrezas, pero no hay vuelta que darle. Mientras se tenga salud, no quiero complicarme la vida. Y aunque cada vez veo menos, no puedo ser tan tonta de quedarme en la casa a llorar la pena o lo perdido”, dice Alicia Jacob, una mujer que tiene su agenda ocupada entre los cursos de teatro del programa Adulto Mayor UC, la escritura de guiones teatrales y encuentros con amigos, entre otras actividades, que serían muy largas de enumerar. Para lo que no tiene tiempo, dice, es para lamentarse por el paso del tiempo o para llorar por las pérdidas que ha experimentado al entrar en la tercera edad.

Lo que le pasa a Alicia es lo que los expertos han llamado la paradoja del envejecimiento, es decir, en la etapa donde más pérdidas experimentan las personas, paradojalmente, los niveles de bienestar se mantienen tan buenos como en etapas previas de la vida. ¿Por qué? Porque al extenderse la vejez (la esperanza de vida hoy es de 79 años) las personas buscan estrategias para continuar de buena manera.

Ya nada es como antes

Las pérdidas son parte importante de la última etapa de la vida, así de simple. Para averiguar los tipos de pérdidas y cómo las enfrentaban quienes pasaban de los 65 años, Daniela Thumala, doctora en sicología de la U. de Chile y autora de la tesis doctoral Formas de Afrontamiento a las Pérdidas Asociadas al Envejecer, realizó 36 entrevistas en profundidad. Tras este trabajo, la sicóloga reconoció seis tipos de pérdidas que si bien no están jerarquizadas, es posible enumerar. En esos términos, hay una que era de las más mencionadas entre los consultados y es la que tiene que ver con la capacidad o falta de salud física y que se refiere a enfermedades y pérdida de energía… Algo que Sergio Bustos (78) ha notado: ya no puede jardinear porque se cansa, no sale los días fríos para cuidarse de las consecutivas neumonías y su riñón no funciona como antes.

Pero hay otra pérdida -la segunda de la lista- que le está costando más superar y que Thumala denominó “pérdida de calidad en las relaciones afectivas significativas”. Sí, tiene que ver con la relación de Sergio con su mujer: llevan 53 años casados, pero hace más de 10 que ella fue diagnosticada con alzheimer. “Mi esposa era mi yunta. Aquí la tengo a mí lado, pero está con alzheimer y ya dejó de ser mi compañera. Yo viajaba con ella, recorrimos Chile y el extranjero, pero ya no lo hago porque no tengo con quién salir”, dice.

Ellos, Alicia y Sergio, son amigos que comparten intereses -se topan en las clases de teatro- y también penas. De esas penas, la más compartida es la que, a la vez, es la tercera pérdida de la lista y habla de la muerte de los seres queridos. A la edad de ambos, es difícil no haber experimentado cómo las personas se van quedando solas.

Pese a eso, ninguno de ellos dos ha vivido la que Thumala llamó “la pérdida de integración social”, es decir, cuando ya no ocupan el mismo rol en la sociedad, lo que algunos experimentan tras jubilarse. Aunque sí conocen de la quinta pérdida, y no sólo ellos, muchos de sus amigos también: con la vejez llega también una pérdida de condiciones materiales. Por eso, Alicia ha tenido que cuidar los gastos; comprar menos carne o restringir las bebidas.

Y mientras Alicia se preocupa por cuidar lo que sale de la billetera, la mayor preocupación que tiene Sergio es que siente que su memoria no es la misma. Es la pérdida cognitiva, como identificó Thumala al sexto componente. “Yo fui el orador de la familia para las festividades, pero me pasa que estoy hablando y de repente se me olvida cómo se llama un supermercado. Yo lo veo mentalmente, pero se me olvida el nombre. Y me da una rabia tan grande”, dice Sergio.

Darle para adelante

Sergio y Alicia son reales. Muy reales. Tanto que -como en la mayoría de las personas de su edad- en su historia se reflejan casi todas las pérdidas que Thumala identificó en su investigación. Y tal como se estableció en el estudio de la sicóloga, ellos mantienen sus niveles de bienestar en términos satisfactorios. Una situación razonable si se tiene en cuenta que el 83% de la tercera edad se siente satisfecho con su vida, según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida en la Vejez 2007-2010, de la U. Católica.

Acá vale nuevamente preguntarse cómo mantienen esos niveles si experimentan a diario las pérdidas que conlleva la edad. La respuesta de Thumala es que “la vejez está siendo una etapa larga de la vida. Puede durar más que la infancia y adolescencia juntas, por lo que una persona de 65 años puede tener 20 años por delante y debe ajustarse a esa realidad. Y según arrojó el estudio, lo hacen a través de la acomodación”.

Esa acomodación es flexibilizar las preferencias o metas a las opciones reales disponibles, que abarca desde la reducción de una meta hasta su renuncia o abandono. No por nada el 73,8% de los encuestados por la UC decía que se sentía capaz de enfrentar hechos difíciles.

Por eso, además, ninguno se siente viejo. En el estudio UC, la mitad se siente más joven que alguien de su misma edad y en el estudio de Thumala la gran parte se consideraba “maduros”.

“Yo me estoy convenciendo recién de que estoy viejo, pero nunca lo consideré. Empecé a notar que estaba viejo en el metro, porque me dan el asiento. Yo me lo tomo con humor, después de todo, que me den el asiento es más cómodo para mí”, dice Sergio.

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