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Hipertensión, mayor peligro en la tercera edad

Cuando el corazón bombea sangre, ejerce presión sobre las paredes de las arterias. Existen dos tipos de presión arterial: la sistólica y la diastólica, que se miden en milímetros de mercurio (mm Hg).

La presión sistólica es la presión de la sangre cuando el corazón late al bombearla, mientras que la diastólica se refiere a la presión de la sangre cuando el corazón descansa entre un latido y el siguiente, explican los especialistas del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos.

A veces no da síntomas

 

“La tensión arterial normal en adultos es de 120 mm Hg cuando el corazón late (tensión sistólica) y de 80 mm Hg cuando el corazón se relaja (tensión diastólica). Cuando la tensión sistólica es igual o superior a 140 mm Hg o la tensión diastólica es igual o superior a 90 mm Hg, la tensión arterial se considera alta o elevada”, precisa la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

“En algunas ocasiones la hipertensión causa síntomas como dolor de cabeza, dificultad respiratoria, vértigos, dolor torácico, palpitaciones del corazón y hemorragias nasales. Sin embargo, la mayoría de los hipertensos no presenta síntoma alguno”, añade la OMS.

 

Asimismo, esta entidad destaca que, cuanto más alta es la tensión arterial, mayor es el riesgo de daño al corazón, a los vasos sanguíneos y a órganos vitales como el cerebro o los riñones.

 

“Si no se controla, la hipertensión puede provocar un infarto de miocardio, un ensanchamiento del corazón y, a la larga, una insuficiencia cardiaca. Los vasos sanguíneos pueden desarrollar protuberancias (aneurismas) y zonas débiles que los hacen más susceptibles de obstruirse y romperse” indican desde la OMS.

 

Además, la tensión arterial puede ocasionar que la sangre se filtre en el cerebro y provoque un accidente cerebrovascular. La hipertensión también puede derivar en una deficiencia renal, ceguera o deterioro cognitivo”, exponen desde este organismo.

 

La hipertensión arterial aumenta de manera significativa a medida que pasan los años. Según datos aportados por El Club del Hipertenso, entidad auspiciada por la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA), en los pacientes mayores de 65 años la prevalencia de la hipertensión se ubica entre el 60% y el 70%. Asimismo, esta organización refleja que la hipertensión sistólica aislada es más frecuente debido a la rigidez de las arterias por la edad.

En este sentido, el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre, de España, detalla que la hipertensión sistólica aislada tiene lugar “cuando solamente el número de la presión arterial sistólica (el número de arriba) es alto. Aproximadamente dos de cada tres personas de más de 60 años con presión arterial alta tienen esta forma de la enfermedad”, indica.

El peligro de las ‘Vacaciones Terapéuticas”

 

Al igual que en los pacientes más jóvenes, la hipertensión es un factor de riesgo cardiovascular importante, especialmente por su alta prevalencia. La presencia de hipertensión arterial incrementa el riesgo de infarto de miocardio, ictus, enfermedad renal e insuficiencia cardiaca entre otras patologías, todas ellas más frecuentes en las personas de edad avanzada siendo, por tanto, muy importante un control adecuado de la presión arterial.

 

No obstante, durante el verano algunos pacientes se toman lo que se denomina “vacaciones terapéuticas” y que consiste en el incumplimiento del tratamiento.

Así, según datos de la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA), ocho de cada diez pacientes hipertensos interrumpen total o parcialmente su tratamiento durante las vacaciones de verano.

En este sentido, la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG) aconseja a los pacientes y a sus cuidadores preparar la medicación prescrita antes de viajar.

 

En general, tanto los fines de semana como en los periodos vacacionales se producen estas vacaciones terapéuticas. A veces ocurre de forma voluntaria, porque el paciente se siente bien. Pero otras es involuntario por el cambio de la rutina diaria que se asocia a la toma de pastillas.

Durante los meses de más calor, las personas mayores son especialmente vulnerables, más aún cuando padecen hipertensión arterial.

En los adultos mayores el umbral de la sed es más alto, por lo que necesitan un estímulo mucho mayor para sentir la necesidad de tomar líquidos, lo que incrementa en gran medida el riesgo de deshidratación.

 

Uno de los cambios que se producen con la edad es la pérdida de la capacidad del riñón para retener agua y sal cuando el paciente se deshidrata por la sudoración que produce el aumento de temperatura. Si el paciente está tomando diuréticos, algo extremadamente frecuente en el tratamiento hipotensor, esta incapacidad se agudiza y es más probable que se produzca hipotensión y otros problemas asociados.

 

Del mismo modo, Juan Macías, presidente de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica, recomienda aumentar en medio litro el consumo de líquido habitual como medida preventiva, de manera que las personas mayores beban, por lo menos, 1.5 litros de líquido por día.

La ingesta de líquidos no tiene por qué ser únicamente agua. Es conveniente incluir en la dieta zumos, caldos, preparados licuados de verduras y frutas, granizados, helados o gelatinas.

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