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Frutas, granos y líquidos deben primar en la alimentación de los adultos mayores.

Estos alimentos ayudan a mejorar síntomas o disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2, la hipertensión y problemas cardíacos.

Si alguna vez fue la pirámide alimenticia, desde hace unos años, especialistas de EE.UU. explican a través de un “plato” cuáles son las porciones ideales de cada alimento en la dieta diaria de un adulto mayor. Ahora acaban de lanzar una nueva actualización de esas recomendaciones, en las que sobresale el consumo de frutas y verduras, así como granos y la ingesta de líquidos.

“A pesar de que las necesidades calóricas disminuyen con la edad, debido a una desaceleración de la actividad en el metabolismo y física, los requerimientos nutricionales siguen siendo los mismos, o en algunos casos más altos”, explica la doctora Alice Lichtenstein, del Centro de Investigación en Nutrición Humana y Envejecimiento, del Departamento de Agricultura de EE.UU.

Con base en la Universidad de Tufts, ubicada cerca de Boston, es este el centro el que desde hace algunas décadas dicta las pautas nutricionales para quienes han pasado los 65 años. El anterior “plato” fue presentado en 2010.

“Nunca es tarde para realizar cambios útiles en la dieta. Estos apuntan a alimentos más saludables que puedan mejorar síntomas o disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2, la hipertensión y cardiopatías, que son más comunes en la tercera edad”, agrega la investigadora.

Muchas de estas patologías se relacionan con estilos de vida modificables, como el ejercicio y la alimentación. Dos áreas que no muestran indicadores positivos: más del 25% de la población de tercera edad en EE.UU. es obesa y un tercio no realiza ningún tipo de actividad física.

En Chile, las estadísticas no son mejores. Según la última Encuesta Nacional de la Salud, el 31% de los adultos mayores sufre de obesidad y más del 95% es sedentario.

“Mucha gente no está informada del rol clave que una alimentación sana y un estilo de vida activo pueden jugar en la función del organismo, por ejemplo a nivel cerebral o en el sistema inmune”, lamenta la doctora Simin Nikbin, directora del Laboratorio de Inmunología Nutricional de la U. de Tufts.

Esta malnutrición también se agrava por condiciones propias de la edad, según comenta el doctor Homero Gac, vicepresidente de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile. “Las personas mayores, en general, son propensas a dejar de consumir proteínas por dificultades al masticar, costos más altos de productos cárnicos y pescados, y por efecto de vivir o comer solos”.

Esto último es una realidad creciente en el país, según el experto. “Muchas personas que viven solas se preparan comida para varios días; pero se aburren de comer lo mismo y dejan de ingerir alimentos adecuadamente, sus dietas se vuelven menos variadas y, como el comer es una acción social, se aburren y prefieren comer un sándwich o simplemente no comer”.

Dieta saludable

Los expertos precisan que, salvo situaciones supervisadas por un médico, un adulto mayor no debiera hacer dieta por su cuenta, porque puede terminar con déficits nutricionales importantes.

A nivel nacional, los mayores de 70 años que se atienden por Fonasa reciben en los consultorios, por parte del Ministerio de Salud, leche en polvo y cremas instantáneas.

A través de los años, esos productos se han ido modificando de acuerdo con los requerimientos nutricionales de la población, por ejemplo, disminuyendo el nivel de sodio y grasas saturadas, o aumentando vitaminas y fierro.

Precisamente, cambios como esos son los que proponen las nuevas guías en EE.UU.

Los granos enteros, las verduras y frutas, los aceites vegetales, los productos lácteos descremados y las fuentes de proteína son parte importante de una dieta saludable.

Las fibras, por ejemplo, pueden ayudar a prevenir el estreñimiento, un problema común que aparece con el envejecimiento, así como reducir el riesgo de enfermedad cardíaca y algunos tipos de cáncer. Alimentos con alto contenido de fibra son los panes de granos enteros y los cereales, las frutas, verduras y legumbres.

La inclusión de varios tipos de líquidos -como agua, té, leche y sopas- apunta a contrarrestar el habitual declive de la sensación de sed relacionado con la edad, lo que puede poner a los adultos mayores en riesgo de deshidratación.

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