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Cómo el confinamiento prolongado y la falta de interacción afecta el envejecimiento
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Cómo el confinamiento prolongado y la falta de interacción afecta el envejecimiento

En el congreso convocado a finales de julio por el Alzheimer Association –la comunidad más grande a nivel mundial dedicada a la investigación de la demencia–, se habló de la importancia de tener en cuenta que el confinamiento prolongado aumenta los factores de riesgo que inciden en la posibilidad de contraer enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, y en un mayor deterioro cognitivo en los adultos mayores, advertencia que otros organismos internacionales de salud también han reafirmado en este último tiempo.

Si consideramos que una de cada nueve personas mayores a los 65 años presenta algún tipo de demencia –según datos entregados por la organización Alzheimer’s Disease International– y que en Chile se proyecta que esa cifra será de 600.000 personas al 2050, cobra relevancia preguntarse de qué manera el confinamiento estricto y la falta de interacción a la que se han visto sometidos los adultos mayores durante la pandemia podrían interferir en el desarrollo de un envejecimiento saludable y activo.

Lo primero, como explica la Dra. Marilú Budinich, médica geriatra y miembro de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, es entender que el envejecimiento es un proceso universal en el cual tienen un impacto factores biológicos, sociales y culturales, por lo que más que hablar de cómo la pandemia podría adelantar dicho proceso –que no es así–, lo que se busca es modularlo para que se desarrolle libre de enfermedades y dependencia. “El envejecimiento no se adelanta o se retrasa, lo que buscamos es manejar ciertas condiciones dentro de ese proceso natural para que se de la mejor manera, incluso en un contexto complejo en el que podrían aumentar los factores de riesgo. Buscamos que los adultos mayores puedan ejercer sus derechos, que puedan participar y contribuir en la sociedad, que tengan potencial a la funcionalidad y que puedan ser autovalentes y no padecer de enfermedades durante la mayor cantidad de vida”, explica.

 

Y lo que pasa en un contexto de pandemia, según la especialista, es que el aumento de estos factores de riesgo –dentro de los cuales destaca un mayor consumo de alcohol, mayor sedentarismo, menos control de enfermedades cardiovasculares, suspensión de medicamentos, aumento en la presencia de síntomas depresivos, trastornos ansiosos y del sueño– inciden mayormente en las curvas de salud, funcionalidad, dependencia y participación. Cuanto más presentes estén y menos se los pueda intervenir, más posibilidades de que den paso a que el envejecimiento esté acompañado de patologías.

 

Como explica a su vez el Dr. Ricardo Maccioni, neurocientífico a cargo del Centro Internacional de Biomedicina (ICC) y uno de los principales investigadores del Alzheimer en el mundo, el envejecimiento activo busca mantener ciertos estándares de salud y una longevidad saludable. “El envejecimiento es un proceso natural; no se trata de que la pandemia lo acelere. Lo que sí podría acelerar es una predisposición a que ese proceso esté acompañado por trastornos y enfermedades neurodegenerativas. Para evitar eso hay que mantenerse activos tanto a nivel físico como intelectual”, explica. Es eso, según el especialista, lo que se ha visto perjudicado durante los meses de confinamiento en los que, además, la población de tercera edad está llamada a quedarse mayormente confinada y resguardada.

 

Dentro de las principales acciones que previenen el Alzheimer se encuentran, según explica el Dr. Maccioni, el ejercicio físico moderado, dado que produce factores tróficos que alimentan a las neuronas y permiten que crezcan y formen conexiones con otras, aumentando la capacidad de la red neuronal. “Eso sirve para memorizar y aprender, y su deterioro es una pérdida en las capacidades cerebrales”. Por otro lado, según explica, está el ejercicio mental. “Hay que mantener actividades intelectuales, tales como hacer cálculos, leer a diario, escribir, hilar ideas, trabajar en el computador. Todo eso ayuda a mantenerse activos”.

 

Luego está la alimentación, que según el especialista debe ser equilibrada y ojalá evitando las azucares y harinas blancas y refinadas para prevenir la inflamación –si bien no se ha clasificado como tal, las teorías que lideran las investigaciones a la fecha determinan que el Alzheimer es una enfermedad principalmente inflamatoria– y, por último, el desarrollo de la meditación y atención plena. La bioquímica Elizabeth Blackburn obtuvo el Premio Nobel de Medicina por su descubrimiento de la telomerasa, enzima que ayuda a que las células se mantengan vivas y que se liberan durante la meditación. “Todas estos hábitos sirven para frenar los síntomas de la enfermedad y para envejecer de una manera digna, sin grandes trastornos que lleven a una situación insostenible. Y para eso, hay que desarrollar una cultura que favorezca estas prácticas. Esa articulación cultural depende en parte de los científicos, pero también de las políticas públicas”, explica el Dr. Maccioni.

 

Y es que, como explica Jaqueline Yuraszeck, enfermera con magíster en Envejecimiento y Calidad de Vida y académica de la Universidad Diego Portales, en Chile a todos los adultos mayores se los mete en el mismo saco, a menudo olvidando que gran parte de ellos son totalmente autovalentes y activos. “La visión que hay respecto a los adultos mayores es que son personas deterioradas y no productivas, pero la realidad es que entre la población de 60 años y más, un 85% es totalmente autovalente (según la encuesta Casen 2015) y no necesitan de otras personas para hacer sus actividades básicas e instrumentales de la vida diaria”, explica la especialista.

Según Yuraszeck, lo que más fomenta el envejecimiento saludable –que busca retrasar el deterioro y la dependencia e incentivar la autovalencia– es justamente la actividad física y las redes de apoyo del adulto mayor. “Ese es el mejor remedio para tener un envejecimiento positivo y es lo que se ha visto mayormente perjudicado durante la pandemia. Han estado mayormente aislados y sin moverse y al no moverse, pierden masa muscular”.

La importancia de mantener la masa muscular, según explica, es para evitar las caídas, que de por sí pueden conllevar una serie de problemáticas que aceleran el deterioro y la dependencia, pero en la medida que se mantengan con actividad física –la especialista recomienda tutoriales en YouTube de actividades que se pueden hacer en casa– y estimulación cognitiva, se puede retrasar el deterioro mental.

“El efecto de la pandemia en los mayores es múltiple, pero también pasa por factores individuales. No todas las personas tienen los mismos factores de riesgo o las mismas herramientas para poder enfrentarlos. Se van a ver mayormente afectados los que tengan menos recursos sociales, psicológicos y de salud, pero también puede haber personas que desarrollen estrategias nuevas de cuidado, por darle un significado a los nuevos roles que tuvieron que desempeñar”, concluye.

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