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Actividad física y tercera edad: valores para el cuerpo y la mente.

En los últimos años, la tercera edad se ha convertido en un centro de gran interés, la razón es el cambio demográfico dado el aumento progresivo de personas que ya han cumplido 65 años. Sin embargo, la calidad de vida y el envejecimiento saludable dependerá de una serie de aspectos funcionales: físicos, psíquicos, afectivos, creativo y de relaciones sociales.

Esta funcionalidad implica un compromiso activo con la vida, lo que requiere que las personas mayores se mantengan activas dentro y fuera del hogar, combinando las tareas rutinarias diarias con actividades gratificantes que los ayuden a sentirse útiles y a encontrarse consigo mismo y con los demás.

Varias son las actividades que se pueden hacer para el logro de estos objetivos. Entre ellas se encuentra la actividad física especialmente diseñada para adultos mayores. A través de la gimnasia, el yoga, la danza y el Tai Chi Chuan, entre otros, se desarrollan formas de trabajar con el movimiento que resultan creativas, enriquecedoras y útiles

Si mejoran las condiciones de vida de las personas durante su ciclo vital, existe un amplio margen para poder incrementar la longevidad. La promoción de la práctica de ejercicio físico es una estrategia fundamental para el mantenimiento de un estilo de vida activo y saludable, pues éste contribuye a vivir más años y mejor.

Las personas mayores que hacen actividad física de forma continuada muestran una disminución de la discapacidad y de la dependencia. También en personas con enfermedades crónicas, la participación sistemática incrementa su función física.

Por lo dicho, podemos resumir que la práctica habitual de ejercicio físico:

  1. Aumenta la condición física en diferentes dimensiones, como: la capacidad muscular, la resistencia aeróbica, el equilibrio, la movilidad de las articulaciones, la flexibilidad, la agilidad, la velocidad de paso y la coordinación física en general.
  2. Tiene efectos favorables sobre el metabolismo, la regulación de la presión sanguínea y la prevención de la obesidad.
  3. Disminuye el riesgo de padecer enfermedades de tipo cardiovascular, osteoporosis, diabetes y más.
  4. Contribuye a reducir la depresión, la ansiedad, a mejorar el humor y la habilidad para desarrollar las actividades de la vida diaria.
  5. Ayuda a conservar activas funciones cognitivas como la atención y la memoria.
  6. Favorece el establecimiento de relaciones interpersonales y, por tanto, contribuye de forma definitiva al fortalecimiento de redes sociales.

En cuanto al tipo de actividad, se deberán seleccionar aquellas que involucren ejercicios no agresivos, adaptables a las características y necesidades de cada persona y que contribuyan a la estimulación intelectual y social con efectos beneficiosos para la salud a corto plazo, aunque se comience en edades muy tardías. El yoga tradicional o adaptado, el Tai Chi Chuan , el qi gong terapéutico tradicional o en silla, la eutonia, son muy buenas opciones a tener en cuenta.

Lo ideal es que La actividad física sea encarada con continuidad y con una frecuencia no inferior a dos veces por semana como para sentir los efectos beneficiosos. Así, estos cambios positivos no sólo los notará el practicante sino también su entorno.

Obviamente, es importante realizar una evaluación médica previa al inicia de la actividad, en todos los casos. Un control psico-físico periódico también nos permitirá observar avances o modificar el plan de trabajo.

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