La automedicación puede ser mortal en adultos mayores

Las personas mayores de 60 años que acostumbran auto medicarse para aliviar molestias que son propias del desgaste natural de su organismo por la avanzada edad, se encuentran más propensas a presentar problemas cardiacos, renales, hepáticos y depresión del sistema nervioso central que podrían llevarlos a la muerte.

Así lo advierten los expertos, tras explicar que por la vejez, los adultos mayores presentan una disminución progresiva de la masa muscular, disminución de las funciones del hígado y los riñones, bajo nivel de calcio, entre otras deficiencias, por lo que el tipo de medicación y la dosis que se les prescribe no debe ser igual a la de un joven o un adulto, factor que estos pacientes no toman en cuenta.

Lamentablemente la automedicación en personas de la tercera edad se inicia en el propio hogar, ya que en muchos casos, sea por factores de tiempo o desidia, los familiares prefieren usar recetas antiguas con medicamentos que los han curado para tratar las enfermedades de los adultos mayores en lugar de llevarlos a un médico.

Esta es una práctica peligrosa porque el tipo y la dosis de los medicamentos prescritos a un adulto mayor no son iguales a las que se destinan a personas jóvenes.

Por otra parte, los adultos mayores son más vulnerables a los efectos adversos de medicamentos, riesgo que se incrementa si no hay una receta médica de por medio, pues es común que las personas de la tercera edad tengan enfermedades preexistentes o crónicas, como presión alta (hipertensión), diabetes, colesterol alto (hipercolesterolemia), u osteoporosis, cuyo tratamiento podría interactuar de forma peligrosa con los nuevos fármacos.

Sernatur lanza nueva temporada del Programa Vacaciones Tercera Edad

Se trata de la décimo primera edición de la iniciativa, que ya ha beneficiado a sobre 274 mil adultos mayores, y que este años subsidiará a más de 38 mil personas.

Sernatur lanzó la décimo primera edición del Programa Vacaciones Tercera Edad, que comprende servicios turísticos y beneficia a los adultos mayores a través de paquetes con todo incluido.

La idea tras la iniciativa es fomentar el quiebre de la estacionalidad, dinamizando la actividad estival, y aportando a la creación de empleos. El Director Nacional de Turismo, Alvaro Castilla, comentó al respecto que “el objetivo de Vacaciones Tercera Edad es romper con la estacionalidad que es tan marcada en Chile, a través del beneficio social, es decir, promover los servicios turísticos a lo largo de todo el país, basándonos en el concepto de vulnerabilidad social”.

El Programa Vacaciones Adulto Mayor, ha beneficiado un total que supera los 274.583 adultos mayores, y para este año está programado subsidiar a, al menos, 38 mil más, lo que inyectaría a la industria turística, por concepto de subsidio, pago de usuarios y gastos extras en destino, un total de US$23.060.824.

Para los interesados, existen dos tipos de cupos, llamados los regulares y los sociales. Quienes pertenecen en la primera categoría, deben pagar un 60% del paquete turístico, mientras que en los cupos sociales el Gobierno paga el 80% del valor total del paquete.

Al respecto, Castilla dijo que el programa “habrá logrado movilizar alrededor de 314 mil pasajeros, lo que corresponde proporcionalmente a un 14,1% de la población de personas mayores de 60 año, esta cifra es muy importante para el país, ya que hay un aumento progresivo en la población adulta mayor”.

El paquete del programa consiste en un pasaje en avión, bus o tren, según origen y destino; de cuatro a 7 noches de alojamiento a habitación doble; desayuno, almuerzo y cena; un City Tour; programa de animación y actividades; servicio de asistencia médica; seguro de asistencia en viaje; traslado del aeropuerto al hotel y viceversa, además de tasas de embarque, en caso de viaje aéreo; y precios preferenciales en tours opcionales.

Universidad Mayor apoya desarrollo de adultos mayores

En el Centro Modelo del Adulto Mayor se firmó convenio de colaboración que permitirá que mayores de 65 años tengan atención preferencial en Centro de Atención Jurídica y clínicas de la Casa de Estudios.

Con el paso de los años la cantidad de adultos mayores de nuestro país ha ido en aumento, lo que implica que hoy la población esté conformada por más personas de 65 años que hace 20 años atrás. Tomando en consideración esta nueva realidad, se han mejorado las políticas sociales, con el fin de optimizar la calidad de vida de las personas de la tercera edad.

Para contribuir con este nuevo objetivo social, la Universidad Mayor firmó un convenio de colaboración mutua con el Servicio Nacional del Adulto Mayor, en una ceremonia que contó con la presencia de Rosa Kornfeld, directora nacional de SENAMA, y Hugo Cumsille, vicerrector de la Universidad Mayor. En la oportunidad, la autoridad universitaria destacó lo importante que es contribuir desde la academia con la labor del Estado.

Entendiendo que las universidades son instituciones que aportan profesionales al mundo laboral, Rosa Kornfeld, directora nacional de SENAMA, agradeció el interés de la Universidad Mayor por vincularse con la institución que dirige. “Es importante que la academia salga a terreno para contribuir a que los adultos mayores vivan con dignidad y plenitud esta etapa de sus vidas, sobre todo cuando el Estado no puede hacerse cargo cien por ciento del bienestar de los adultos mayores”.

La firma suscrita permitirá que estudiantes de las distintas carreras de la UM aporten a SENAMA  a través de sus conocimientos y que los adultos mayores puedan hacer uso de las clínicas que dispone la casa de estudios. De esta forma, el Centro Jurídico, la Clínica Psicológica, Fonoaudiológica, Odontológica y de Kinesiología, además de los centros de emprendimientos estarán dispuestos con sus profesionales y estudiantes, a brindar atención  preferencial que solucionará problemas puntuales de un sector de la población que requiere de más protección.

El convenio que será extensivo por dos años, con la posibilidad de renovarse  automáticamente con acuerdo de ambas partes, también contempla que la Universidad  preste apoyo académico en charlas, jornadas de capacitación y seminarios, con el objetivo de integrar y fomentar el desarrollo intelectual de la tercera edad.

Las consolas de videojuegos se suman a la rehabilitación motriz de adultos mayores

El uso de consolas de video que necesitan del movimiento humano para desarrollar un juego virtual comenzó a emplearse en Argentina para mejorar la coordinación visual y motriz en la rehabilitación de los adultos mayores.

La experiencia adoptada de los hospitales estadounidenses Herrin y de Rehabilitación de Glenrose se empezó a aplicar en el Centro para Adultos Mayores y Rehabilitación Hirsch de Argentina, donde se incorporaron consolas de video Wiihab para los pacientes de la tercera edad.

Moisés Schapira, director de ese centro de salud, explicó que “incorporamos la tecnología de juegos a la rehabilitación porque resulta ser una estrategia nueva, segura y realizable, que permite mejorar la función motora y visual en los pacientes”.

Schapira añadió que “los movimientos físicos precisos y continuos que son necesarios para poder llevar adelante un juego virtual, permiten avanzar en la rehabilitación de los problemas motrices y cognitivos de las personas mayores”.

Las terapias aplicadas en Estados Unidos con pacientes de la tercera edad en la que se usaron videojuegos virtuales, en los que había que moverse para activar algún comando, fueron eficaces no sólo para mejorar la energía motriz, sino también el control de los movimientos.

Los videojuegos virtuales también ayudaron a los adultos mayores de 65 años a combatir la vida sedentaria, que es uno de los riesgos de salud más altos para muchas enfermedades crónicas como la hipertensión, patologías cardíacas, accidente cerebrovascular, la diabetes, el cáncer y la artritis, entre otros.

Los sensores de movimiento de la consola de cada juego permiten que el paciente realice programas de ejercicio, que simulan ser acciones reales.

Pero también por medio del entrenamiento se ejercita la mente porque hay que desarrollar el ingenio para poder cumplir con los objetivos de una actividad virtual.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en la Guía Regional para la Promoción de la Actividad Física recomienda la realización de actividades que recreen la mente y ejerciten el cuerpo, sobre todo en la población adulta mayor.

Schapira coincidió en que “existe evidencia de que aumentar la actividad física después de los 60 años tiene un impacto positivo notable”.

En ese sentido, destacó que “cualquier herramienta es válida para que eso ocurra y lograr de esa manera que las personas mayores tengan un estilo de vida más saludable”.

Un juego virtual con movimiento físico puede incluir ejercicios de resistencia que mejoran el sistema circulatorio, de desarrollo mental y de fortalecimiento de la musculatura que benefician el funcionamiento del metabolismo y conservan el peso corporal.

Otra de las funciones de esos juegos son beneficiosas para el mejoramiento del equilibrio porque requieren de pequeños movimientos como el levantar una pierna y mantenerse un tiempo corto en esa posición, que ayudan a manejar mejor el cuerpo.

Esa postura, según los especialistas en tratamientos para la tercera edad, ayuda a evitar las caídas que suelen ser causantes de discapacidad en la población adulta mayor.

La paradoja de la vejez: estar bien, a pesar de que nada es como antes

La estrategia del acomodo. Esa es la que usan las personas mayores de 65, para enfrentar con buenos niveles de satisfacción, los años que les quedan de vida. Así lo comprobó un reciente estudio de una sicóloga de la U. de Chile.

“Ya no me compro cremas para las arrugas. Ya no me hago problema si un día salgo sin maquillaje a la calle, ¡qué cosa más buena salir con arrugas! Claro, uno se mira al espejo y dice ‘qué estoy vieja’, pero las marcas están en la cara. Lo que te dice el cuerpo con la energía, es otra cosa. A mis 67 años me queda para rato. Es verdad que se pierden muchas cosas, como el físico, amigos, destrezas, pero no hay vuelta que darle. Mientras se tenga salud, no quiero complicarme la vida. Y aunque cada vez veo menos, no puedo ser tan tonta de quedarme en la casa a llorar la pena o lo perdido”, dice Alicia Jacob, una mujer que tiene su agenda ocupada entre los cursos de teatro del programa Adulto Mayor UC, la escritura de guiones teatrales y encuentros con amigos, entre otras actividades, que serían muy largas de enumerar. Para lo que no tiene tiempo, dice, es para lamentarse por el paso del tiempo o para llorar por las pérdidas que ha experimentado al entrar en la tercera edad.

Lo que le pasa a Alicia es lo que los expertos han llamado la paradoja del envejecimiento, es decir, en la etapa donde más pérdidas experimentan las personas, paradojalmente, los niveles de bienestar se mantienen tan buenos como en etapas previas de la vida. ¿Por qué? Porque al extenderse la vejez (la esperanza de vida hoy es de 79 años) las personas buscan estrategias para continuar de buena manera.

Ya nada es como antes

Las pérdidas son parte importante de la última etapa de la vida, así de simple. Para averiguar los tipos de pérdidas y cómo las enfrentaban quienes pasaban de los 65 años, Daniela Thumala, doctora en sicología de la U. de Chile y autora de la tesis doctoral Formas de Afrontamiento a las Pérdidas Asociadas al Envejecer, realizó 36 entrevistas en profundidad. Tras este trabajo, la sicóloga reconoció seis tipos de pérdidas que si bien no están jerarquizadas, es posible enumerar. En esos términos, hay una que era de las más mencionadas entre los consultados y es la que tiene que ver con la capacidad o falta de salud física y que se refiere a enfermedades y pérdida de energía… Algo que Sergio Bustos (78) ha notado: ya no puede jardinear porque se cansa, no sale los días fríos para cuidarse de las consecutivas neumonías y su riñón no funciona como antes.

Pero hay otra pérdida -la segunda de la lista- que le está costando más superar y que Thumala denominó “pérdida de calidad en las relaciones afectivas significativas”. Sí, tiene que ver con la relación de Sergio con su mujer: llevan 53 años casados, pero hace más de 10 que ella fue diagnosticada con alzheimer. “Mi esposa era mi yunta. Aquí la tengo a mí lado, pero está con alzheimer y ya dejó de ser mi compañera. Yo viajaba con ella, recorrimos Chile y el extranjero, pero ya no lo hago porque no tengo con quién salir”, dice.

Ellos, Alicia y Sergio, son amigos que comparten intereses -se topan en las clases de teatro- y también penas. De esas penas, la más compartida es la que, a la vez, es la tercera pérdida de la lista y habla de la muerte de los seres queridos. A la edad de ambos, es difícil no haber experimentado cómo las personas se van quedando solas.

Pese a eso, ninguno de ellos dos ha vivido la que Thumala llamó “la pérdida de integración social”, es decir, cuando ya no ocupan el mismo rol en la sociedad, lo que algunos experimentan tras jubilarse. Aunque sí conocen de la quinta pérdida, y no sólo ellos, muchos de sus amigos también: con la vejez llega también una pérdida de condiciones materiales. Por eso, Alicia ha tenido que cuidar los gastos; comprar menos carne o restringir las bebidas.

Y mientras Alicia se preocupa por cuidar lo que sale de la billetera, la mayor preocupación que tiene Sergio es que siente que su memoria no es la misma. Es la pérdida cognitiva, como identificó Thumala al sexto componente. “Yo fui el orador de la familia para las festividades, pero me pasa que estoy hablando y de repente se me olvida cómo se llama un supermercado. Yo lo veo mentalmente, pero se me olvida el nombre. Y me da una rabia tan grande”, dice Sergio.

Darle para adelante

Sergio y Alicia son reales. Muy reales. Tanto que -como en la mayoría de las personas de su edad- en su historia se reflejan casi todas las pérdidas que Thumala identificó en su investigación. Y tal como se estableció en el estudio de la sicóloga, ellos mantienen sus niveles de bienestar en términos satisfactorios. Una situación razonable si se tiene en cuenta que el 83% de la tercera edad se siente satisfecho con su vida, según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida en la Vejez 2007-2010, de la U. Católica.

Acá vale nuevamente preguntarse cómo mantienen esos niveles si experimentan a diario las pérdidas que conlleva la edad. La respuesta de Thumala es que “la vejez está siendo una etapa larga de la vida. Puede durar más que la infancia y adolescencia juntas, por lo que una persona de 65 años puede tener 20 años por delante y debe ajustarse a esa realidad. Y según arrojó el estudio, lo hacen a través de la acomodación”.

Esa acomodación es flexibilizar las preferencias o metas a las opciones reales disponibles, que abarca desde la reducción de una meta hasta su renuncia o abandono. No por nada el 73,8% de los encuestados por la UC decía que se sentía capaz de enfrentar hechos difíciles.

Por eso, además, ninguno se siente viejo. En el estudio UC, la mitad se siente más joven que alguien de su misma edad y en el estudio de Thumala la gran parte se consideraba “maduros”.

“Yo me estoy convenciendo recién de que estoy viejo, pero nunca lo consideré. Empecé a notar que estaba viejo en el metro, porque me dan el asiento. Yo me lo tomo con humor, después de todo, que me den el asiento es más cómodo para mí”, dice Sergio.

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