Fuente: La Tercera / 14.07.2010
Un estudio llevado a cabo en más de tres mil personas por el Instituto Nacional de Salud y Bienestar de Helsinki, Finlandia, reveló que quienes presentaban bajos niveles de vitamina D tenían tres veces más posibilidades de desarrollar la enfermedad de Parkinson.
La investigación midió entre 1978 y 1980 los niveles de vitamina D de hombres y mujeres sin la enfermedad, a través de un examen de sangre. Las conclusiones del equipo que realizó el seguimiento durante 29 años (hasta 2007), sugieren que esta vitamina ayudaría a proteger las células nerviosas de una muerte prematura.
Últimamente, la carencia de esta vitamina ha generado preocupación en los expertos. Por ejemplo, en EE.UU., dos tercios de la población adulta presentan déficit en las concentraciones de vitamina D, por lo que han instado a que los pacientes se realicen exámenes para medir la cantidad de esta sustancia en la sangre y definir la necesidad de un tratamiento con suplementos.
En el caso de Chile, un estudio de la Universidad Católica mostró que uno de cada tres chilenos sufre deficiencia de esta vitamina, siendo los adultos mayores y las personas que viven en la zona sur los más afectados.
Fuente: www.geosalud.com / 07.06.2010
A medida que las personas envejecen se producen evidencias de modificaciones y alteraciones en su estado de salud física y sicológica. Estos cambios son progresivos e inevitables pero se ha demostrado en varias investigaciones, que el ritmo de degeneración se puede modificar con la actividad física. En efecto, el ejercicio puede ayudar a mantener o mejorar la condición física, el estado mental y los niveles de presión arterial de los adultos mayores.
LOS CAMBIOS FISIOLÓGICOS AL ENVEJECER
A medida que las personas envejecen, se producen modificaciones en su estado de salud: se alteran las estructuras y se reducen las funciones de las células y los tejidos de todos los sistemas del organismo.(Larson & Bruce, 1987). Aparecen cambios que afectan:
- La masa metabólica activa
- El tamaño y función de los músculos
- El VO2 máximo
- El sistema esquelético
- La respiración
- El aparato cardiovascular
- Los riñones
- Las glándulas sexuales
- Los receptores sensoriales
- La médula ósea y los glóbulos rojos.
Éstos cambios son progresivos e inevitables, pero se ha demostrado con varias investigaciones que el ritmo de algunos se puede modificar con la actividad física. sistemática (Barboza & Alvarado, 1987; Paterson, 1992) .
LOS BENEFICIOS DEL EJERCICIO
Con ejercicios aeróbicos adecuados, aunque estos se empiezan a la edad de 60 años, se puede incrementar de uno a dos años la esperanza de vida, la independencia funcional, y ayudar a prevenir enfermedades. Se ha encontrado que las dos tercera parte de las personas con más de 60 años practican de manera irregular alguna actividad física o son totalmente sedentarios. Por causa de la inactividad aparecen los riesgos de enfermedades crónicas como las cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes, la osteoporosis y la depresión. (Rooney, 1993)
Muchas investigaciones han demostrado que la práctica física regular incrementa la habilidad de un adulto mayor en sus quehaceres diarios, reduce los riesgos de enfermedades crónicas específicas, incluyendo las enfermedades coronarias y baja la tasa de mortalidad.(Heath,1994) Los sistemas más susceptibles al cambio con el ejercicio son:
- El cardiovascular (modulador de la variabilidad de la frecuencia cardiaca con ejercicio aeróbico)
- El respiratorio
- El inmunológico;
Además se ven beneficiados:
- La masa metabólica activa
- Los huesos
- Los músculos
- Los riñones y los receptores sensoriales
El ejercicio logra ayudar en el tratamiento y la prevención de la osteoporosis (Perpignano,1993). Se puede mejorar significativamente la calidad de vida de una persona de la tercera edad dándole mayor flexibilidad, fuerza y volumen muscular, movilidad y mayor capacidad funcional aeróbica.(Barry y Eathorne,1994; Larson & Bruce, 1987; Vandervoort,1992).
EL ESTADO MENTAL
También se ha encontrado que el ejercicio es benéfico para la salud mental en la tercera edad. Dawe y Curran-Smith (1994), Blair y otros (.Bouchard,1990) encontraron que el ejercicio mejora la auto-estima, el autocontrol, el funcionamiento autónomo, los hábitos de sueño, las funciones intelectuales y las relaciones sociales. Cuando se investigaron los estados de ánimos positivos y negativos y la fatiga de mujeres después de una clase de aeróbicos, se encontró una diferencia significativa entre los estados de ánimos antes y después de la clase: el efecto positivo se incrementó y la fatiga se redujo.(Choi, 1993). En una revisión de proyectos realizada por el Departamento de sicología de la Universidad Nacional de Australia, se demostró que el ejercicio es un antidepresivo, un antiestrés y mejora los estados de ánimos de las personas que participan en un programa de entrenamiento.
LA HIPERTENSIÓN
Los adultos mayores hipertensos que participaron en un programa de ejercicio físico pudieron demostrar que su nivel de presión arterial logró controlarse y hasta se mejoró. (Lugo, Pascal, Pérez y Noda,1992)(Strauss,1991).
En una investigación sobre la presión arterial en reposo de personas mayores con presión arterial normal, los resultados mostraron que los dos grupos de ejercicios, uno de intensidad moderada (70%)/45minutos/3 veces por semana y el otro de alta intensidad (85%)/35 minutos/3 veces por semana aumentaron su consumo máximo de oxígeno trabajando en los tres primeros meses del programa y bajaron su presión arterial sistólica a los seis meses (Braith y otros, 1994).
RECOMENDACIONES PARA EMPEZAR UNA ACTIVIDAD FÍSICA
En programas de ejercicios supervisados para la tercera edad, los factores de riesgos de lesiones, dolores, accidentes y hasta muerte se encontraron a una intensidad más alta de 85% de la frecuencia cardiaca máxima; de hecho, el ejercicio excesivamente intenso o prolongado puede conducir a una fatiga extrema, un cansancio y una convalecencia que retarda los beneficios del ejercicio. Se recomienda una actividad física regular (de 3 hasta 4 veces por semana) de duración moderada (de 20 hasta 30 minutos) y de una intensidad suficiente (de 70% hasta 85%) para obtener efectos de acondicionamiento, minimizando los riesgos de la actividad física (Larson & Bruce, 1987). Esta tesis es respaldada por Brown & Holloszy (1994), los cuales investigaron los efectos de la caminata, el trote y la bicicleta sobre la fuerza, la velocidad, la flexibilidad y el equilibrio de personas de 60 hasta 72 años. Recalcaron que basta un programa de entrenamiento de moderada intensidad para que estos factores se incrementarán produciendo una alza del Vo2máx. de un 24% para los hombres y de un 21% para las mujeres. Tomando en cuenta las diferencias de la población de la tercera edad, el Colegio Americano de Medicina Deportiva recomienda un programa de entrenamiento que sigua los lineamientos básicos de prescripción de la frecuencia, intensidad, duración y tipo de actividad para un adulto sano, siendo diferente en su aplicación. Un adulto mayor es diferente y tiene mayor limitaciones física-médicas que un participante de edad mediana, por esto la intensidad del programa es menor mientras la frecuencia y duración se incrementan. El tipo de entrenamiento debe evitar las actividades de alto impacto, además debe permitir progresiones más graduales y mantener una intensidad de un 40% hasta un 85% de la frecuencia cardiaca máxima. Es también importante incluir en el programa un entrenamiento de mantenimiento de la tonicidad y resistencia de los grandes grupos de musculares.(Pollock y otros, 1994).
LAS BUENAS RAZONES PARA EMPEZAR UN PROGRAMA DE EJERCICIO
Un estudio realizado en seis centros deportivos de los Estados Unidos con una muestra de 336 participantes mostró que las principales motivaciones para sentirse a gusto en un programa de ejercicio eran: mantener su salud, desarrollar su condición física y ayudar a relajarse. Un análisis factorial reveló cuatro variables más: una ejecución acertada, un bienestar físico y socio-sicológico y un rendimiento y dominio deportivo.
Fuente: Google www.20minutos.es /10.06.2010
Las relaciones interpersonales mejoran cuando la gente se va haciendo mayor. Esta paz se debe, según investigadores norteamericanos, a diversos factores: una mejor regulación emocional y la perspectiva de un tiempo limitado de vida, en el caso de los ancianos. En la felicidad social de la vejez actuaría además otro factor: el de los estereotipos, porque los jóvenes suelen enfrentarse menos a las personas mayores que a sus iguales en todas las situaciones, incluidas las de confrontación.
Las relaciones interpersonales durante la tercera edad suelen ser más satisfactorias que las de los jóvenes. Varios estudios realizados por especialistas de la Universidad de Purdue, en Estados Unidos, revelan las causas de estas diferencias.
Según Karen Fingerman, profesora de dicha universidad especializada en estudios de familia, gerontología y desarrollo, las personas mayores afirman tener mejores matrimonios, amistades más comprensivas y menos conflictos con sus hijos y hermanos en la vejez que en la juventud.
Por tanto, parece que a medida que las habilidades cognitivas decaen como consecuencia de la edad, las relaciones personales resultan más satisfactorias. ¿Por qué se produce este cambio?
Combinación de factores
Elementos como la percepción de un tiempo limitado de vida, una mayor propensión a perdonar, y ciertos estereotipos y actitudes relacionados con la vejez juegan un importante papel en esta transformación.
Cuando los adultos de cualquier edad encuentran cierta tensión en su relación con adultos mayores, tratan de minimizar esa tensión para facilitar experiencias positivas con ellos.
Por otro lado, los hallazgos realizados hasta ahora sugieren que la regulación socio emocional que se produce durante la tercera edad implica también cambios en la forma de relacionarse con los demás.
Regulación social
En los estudios realizados se ha revelado que cada persona actúa y reacciona como respuesta a su interlocutor, anticipando al mismo tiempo las reacciones de éste.
Esta anticipación se basa a menudo en la edad de dicho interlocutor. Los individuos modifican su propio comportamiento con las personas que interactúan, muchas veces en función de si éstas son jóvenes o mayores.
Cuando se produce una interacción negativa, las personas jóvenes son en general más agresivas que las mayores. Sin embargo, si esta confrontación se da con una persona mayor, los jóvenes a menudo se comportan de manera más complaciente.
En la otra dirección, también se da una adaptación: las personas mayores intentan ser más cordiales con los jóvenes porque creen de antemano que éstos los se enfrentarán más a ellos que un adulto de mayor edad.
Ambos grupos de personas actúan, por tanto, adaptando su comportamiento en función de los estereotipos existentes: los jóvenes creen que deben ser más pacientes con una persona mayor que con una joven, porque los ancianos “ya no pueden cambiar ni se debe intentar cambiarlos”, mientras que los mayores esperan de los jóvenes reacciones más “agresivas” que de otras personas mayores, y actúan en consecuencia.
Ventajas de la edad
Además de esta regulación propia de la interacción, lo cierto es que, con la edad, los individuos regulan también mejor sus propias emociones cuando algo o alguien les enfada o molesta.
Asimismo, las personas mayores cuentan con otra ventaja: suelen tener más opciones que las jóvenes de elegir con quiénes se relacionan porque, normalmente, ya no tienen que acudir a centros de trabajo en los que las relaciones interpersonales se imponen por razones ajenas.
Por último, las personas mayores cuidan y valoran más cada momento. Esto se debe al hecho de que son conscientes del poco tiempo que puede quedarles a sus relaciones.
Cuando el tiempo es limitado, la gente se esfuerza más por disfrutar de sus interacciones con otras personas que por enfrentarse con ellas.
Estudios anteriores
En lo que se refiere a la interacción con los hijos, en una investigación realizada en 2007, se demostró que la mayoría de las relaciones entre padres e hijos también mejoraban cuando los padres se iban haciendo mayores.
En general, el sentimiento que se genera en esta época de la vida es de cariño y atención por ambas partes, afirman los investigadores.
Para los padres, la atención que les dedican entonces sus hijos es una prueba de la madurez de éstos, y la consideran por tanto un reflejo de su buena labor como educadores. Los hijos, por su parte, se sienten en esta época más necesitados de pasar más tiempo con sus padres y también se sienten más queridos por ellos.